La era del ciberactivismo

Reunir a miles de personas con un objetivo común en 150 ciudades repartidas por todo el globo cuesta tanto como reenviar un correo electrónico. El activismo social ha encontrado en internet y sus aplicaciones el aliado principal para organizarse y difundirse. El penúltimo ejemplo fue el del lunes con las protestas contra las FARC. La iniciativa de una sola persona se tradujo en una manifestación mundial.

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Cualquier idea y cualquier colectivo tienen cabida dentro del ciberactivismo. Desde las caceroladas posteriores al 11-M, hasta los llamamientos para hacer macrobotellones en la primavera del 2006, las manifestaciones por una vivienda digna o la defensa de la familia tradicional. El combate social o político está cambiando, pues cambian todas las facetas de la vida debido a la nueva estructura social que plantea la red. Como describe el economista y tecnólogo David de Hugarte en su libro El poder de las redes,”un ciberactivista es alguien que utiliza internet, y sobre todo la blogosfera, para difundir un discurso y poner a disposición pública herramientas que devuelvan a las personas el poder y la visibilidad que hoy monopolizan las instituciones. Un ciberactivista es una enzima del proceso por el que la sociedad pasa de organizarse en redes jerárquicas descentralizadas a ordenarse en redes distribuidas básicamente igualitarias”.

Rapidez, agilidad, capacidad organizativa, costes moderados y difusión planetaria son las ventajas que ofrece internet a estos colectivos, resume Rosa Borge, profesora de los estudios de Derecho y Ciencias Políticas de la Universitat Oberta de Catalunya. Ya no es necesario formar parte de un grupo fuerte para llegar a influir, porque el grupo se forma al mismo tiempo que se envían mensajes o que alguien entra la web creada para la ocasión.

“Las nuevas tecnologías ayudan tanto a los movimientos que ya existían como a los ciudadanos individuales”, añade Borge, y recuerda el caso de un grupo de amigas que consiguió reunir a 5.000 personas en Barcelona en una contramanifestación en defensa de las uniones homosexuales el año pasado con ayuda de su correo electrónico.

El e-mail es la herramienta básica y las redes sociales el complemento para expandirse. Es el caso de la organización V de Vivienda, que cuenta con página web, grupo en YouTube, Facebook, Flickr y Last. fm. La Plataforma por una Vivienda Digna nació también en internet. “Primero vino la organización a través de la red y luego una estructura más presencial, de no existir internet nosotros tampoco existiríamos porque no teníamos medios para crear una organización tradicional”, dice José Luis Carretero, portavoz de la plataforma. Con un servidor, una web y una lista de correo – y muchas horas de trabajo voluntario- han conseguido notoriedad internacional en relativamente poco tiempo.

Si en el activismo clásico era necesario llegar a los medios de comunicación, “ahora el medio – internet- preexiste a la organización”, explica De Hugarte en conversación telefónica. El interesado manda directamente el mensaje y si tiene unas características determinadas, conectará con otros ciberactivistas, que son, potencialmente, todos los internautas.

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